El alto Rin, a caballo entre Suiza y Alemania (en autocaravana) Parte 2

Hemos dejado atrás territorio Suizo y el relato de nuestro recorrido por el alto Rin continua en zona alemana, con las visitas a la ciudad de Constanza y a la isla de Reichenau.

Si aún no has leído el principio de este relato puedes acceder desde este enlace.


Día 4
Nos dirigimos a Konstanz (Constanza)  la ciudad más grande a orillas del lago Constanza o Bodensse como se le llama en Alemania. 
Está pegada a Suiza y, de hecho, cuando paseas por ella y llegas a la frontera tienes la sensación de que esta atravesase por medio de la ciudad, aunque al otro lado sea en realidad una población diferente.

Constanza es también la puerta por donde el río Rin sale del lago para continuar su trayecto hacia el Mar del Norte.
Nosotros aparcamos en el P+R Bodenseeforum, bajo el puente de la autopista (N47°40'6" E9°9'2"), el precio son 3€ el día completo, los domingos y festivos gratis. Como está solo a 2,5 km del centro histórico decidimos ir andando siguiendo la orilla del Rin, pero si se prefiere se puede coger un autobús (puedes consultar precios y horarios aquí)
Avanzamos por el río hasta alcanzar Rheintorturm (torre puerta del Rin) una de las 3 únicas torres medievales que se conservan de las 25 que se levantaron en la edad media para defensa de la ciudad.
Continuamos por un hermoso parque que va rodeando el lago hasta divisar el puerto y su famosa escultura Imperia, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad aunque realmente tiene muy poco tiempo, es de 1993.
La obra, del escultor Peter Lenk, mide 9 metros de altura y gira sobre sí misma, en un ciclo de cuatro minutos, gracias a un mecanismo que utiliza el impulso de la corriente de agua. La estatua representa a una cortesana del s. 16 llamada Imperia que aparece en la obra del famoso escritor francés Honoré de Balzac en la que retrata el Concilio de Constanza, que es probablemente el hecho histórico más trascendente de la ciudad. El concilio de la iglesia católica, celebrado entre 1414 y 1418, tenía como principal objetivo elegir un papa ya que por aquel entonces había tres que se autoproclamaban así: Juan XXIII, Gregorio XII y Benedicto XIII. Al concilio asistieron miles de personas representantes de la nobleza y la Iglesia, entre ellos  Segismundo, el emperador del sacro imperio romano-germánico, y el cardenal Colonna que fue nombrado papa (Martin V) en este mismo concilio. Otro de los sectores de la sociedad atraídos por este histórico evento fueron las prostitutas, que los propios nobles y clérigos mandaron llamar. Tanto el emperador como el papa aparecen en la obra escultórica, como símbolo los dos poderes principales de la época, pero son solo insignificantes personajes sostenidos en las manos de la gigantesca y voluptuosa Imperia, representando así  de una forma irónica la gran decadencia de la época.
Quien desee conocer más sobre la historia de la ciudad puede visitar el museo Rosgarten.
Continuamos por el puerto en dirección a la ciudad y nos encontramos con la columna en recuerdo al conde Zeppelin, nacido en esta ciudad en 1808 e inventor del dirigible que lleva su nombre.
Y a poca distancia la calle principal de la ciudad, la Marktstätte.
Al fondo se encuentra la fuente más importante de Constanza que nosotros solo pudimos descubrir a medias ya que su parte central estaba cubierta por una gran lona violeta metálico. Sí pudimos disfrutar de las curiosas figuras que forman su base, como un pavo real de tres cabezas (simbolizando los tres papas de la Iglesia mencionados anteriormente), un caballo de ocho patas o unos graciosos conejo-pez.



Tampoco pudimos disfrutar del interior de la catedral ya que se celebraba un oficio especial por ser lunes de pascua y estaba prohibido el acceso a los turistas.

En Constanza se pueden admirar varios edificios con las fachadas pintadas, como ha ido ocurriendo a lo largo de todo nuestro recorrido por el alto Rin.
 

Cerca de la frontera con Suiza y sirviendo de entrada y salida del casco antiguo nos encontramos con otra de las tres torres que quedaron en pie, la Schnetztor
Un vistazo a su fachada exterior.


Regresamos paseando por la ciudad camino de la estación central, cerca del puerto.
La estación fue construida entre 1860 y 1863 y destaca por su torre neogótica. Aunque se encuentra en suelo alemán su gestión está compartida entre Alemania y Suiza.

Una visita obligada si te gustan las flores y viajas a Constanza en primavera o verano (mejor a principios) es la isla de Mainau, una isla en el lago Constanza conectada por un puente. Una especie de jardín botánico dedicado a las flores de temporada y donde a menudo se celebran eventos. Cuenta también con un mariposario, zonas de juego para los niños, cafetería y restaurante. Nosotros no la visitamos en esta ocasión porque ya la conocíamos.
En su página web podéis informaros de todo.
Tras nuestra visita a la ciudad regresamos a dormir al área de Singen de la que os hablé en la primera parte del viaje. Desconozco si se pude pernoctar en el P+R pero era un sitio feísimo y muy aislado. La ciudad cuenta con un área cerca del centro, pero cuesta 18 €; si os interesa la dirección es Döbeleplatz.

Día 5
La isla de Reichenau es el último objetivo de nuestra pequeña ruta por el alto Rin.
El Rin, tras atravesar la ciudad de Constanza, se abre camino por el lago Untersee; este aunque tiene nombre propio se considera una parte del lago Constanza, por tanto Reichenau es la isla más grande de este famoso lago. 
Está conectada por carretera y nosotros nada más llegar nos dirigimos a una de las dos áreas de autocaravanas que posee. Una de ellas está junto al camping, es bastante grande y tiene conexión eléctrica y los servicios necesarios de descarga, cuesta 12€ (sin electricidad) 
La otra es muy pequeña, no caben más de 4 o 5 ACs y no cuenta con ningún servicio; cuesta 6€. Nosotros utilizamos esta ya que solo necesitábamos dónde dormir y la verdad es que fue una noche muy tranquila junto a un par de furgos. La dirección es Pirminstraße 145. ¡Ojo, no caben autocaravanas de más de 7 metros!
La isla, que cuenta con unos 3.500 habitantes, está dedicada casi en exclusiva al cultivo de verduras. Es como una gran huerta que abastece a la región.
Su otra fuente de ingresos es el turismo, por lo que cuenta con numerosos hoteles y restaurantes. Aunque prácticamente la visitan solo alemanes.
Su cercanía a Constanza (unos 10 km), su buen clima (es de los lugares más soleados de Alemania), y poseer un conjunto de iglesias que es Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde el año 2000, son los principales motores de ese turismo. 
Por supuesto también su hermoso entorno; además de las preciosas vistas del lago se pueden contemplar los majestuosos Alpes a lo lejos.
La isla tiene un tamaño relativamente pequeño que la hace fácilmente visitable a pie. Nosotros la rodeamos por completo por un sendero peatonal y después recorrimos su interior visitando las tres iglesias y alcanzando el punto más elevado y todo eso nos supuso unos 17 km que hicimos tranquilamente a lo largo de todo el día.
Sus iglesias son edificios sencillos de tamaño discreto que muestran la arquitectura imperante entre los s. 10 y 12.
Pero lo que las sitúa especialmente como patrimonio de la humanidad es su historia, ya que aquí tuvieron lugar importantes movimientos artísticos y literarios de la época. 
El acceso al interior es libre.

Una curiosidad, mucho más reciente, de la historia de esta isla, es que fue durante dos meses el lugar de refugio de los 3000 presos franceses liberados del campo de concentración de Dachau al final de la segunda guerra mundial. Allí llevaron a cabo un periodo de cuarentena antes de regresar a su patria.
Y con esto termina nuestra corta pero intensa escapada de cinco días por el alto Rin, una zona que ya conocíamos de muchos años antes y que nos ha vuelta a enamorar como la primera vez.
Recuerda, si quieres saber más sobre el Rin puedes consultar nuestra ruta por el valle del Rin. Una zona que seguro no te decepcionará. 

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