Vancouver y Capilano Park en Canadá (Viaje por el Noroeste de los Estados Unidos XVIII)

Casi al final de nuestro viaje cruzamos la frontera con Canadá y dedicamos un par de días a visitar Vancouver y el cercano área recreativa de los puentes colgantes de Capilano.



Pasar la aduana nos llevó unos 15 minutos;  aunque pedían los pasaportes a todos los vehículos afortunadamente no había una gran fila de coches. Llegamos a nuestro motel sobre las 11 y tras acomodarnos partimos hacia la ciudad para realizar una vuelta circular que recorriera los principales puntos; en total 22 km contando el desplazamiento a pie desde el hotel.

Vancouver es la tercera ciudad más grande de Canadá, tras Toronto y Montreal.
Aunque se trata de una ciudad moderna y cosmopolita, a nosotros lo que más nos cautivó de ella fue su inmensa zona verde, Stanley Park, un parque de 405 hectáreas que pese a ser urbano conserva muchas zonas de bosque.

Pero nuestra visita no comenzó allí sino en Chinatown. La puerta del milenio, Millennium Gate, es la entrada a este barrio chino originado en 1885 y que se considera el segundo más grande de Norteamérica tras el de San Francisco.
Entre los lugares más interesantes a descubrir allí, están el parque y los jardines del Dr. Sun Yat-Sen (nombre del padre de la China moderna) que se realizaron para la Expo Universal de 1986. Nosotros visitamos el primero que es público; los jardines son privados y hay que pagar una entrada.



Cerca de los jardines se encuentra el monumento dedicado a los canadienses de origen chino y a su contribución en el desarrollo de Canadá.

De aquí nos dirigimos al barrio de Gastown, que conserva el estilo victoriano de su origen.

Aquí la atracción más famosa es su reloj de vapor, que se anuncia como el primero del mundo (yo no conozco otro) y que da cada cuarto de hora con un sonoro silbato que toca los cuartos de Westmister a la vez que lanza bocanadas de vapor.

No muy lejos de allí se encuentra Canada Place, un enorme complejo multiusos situado en el puerto cuyo techo de teflón con forma de velas es uno de los distintivos de Vancouver.
 
Aunque dentro no hay gran cosa que hacer (no se trata de un centro comercial sino de la sede de varias navieras, un hotel, empresas,...) fuera se puede disfrutar de la contemplación de enormes transatlánticos.

De allí nos dirigimos a la iglesia más antigua de la ciudad,  Christ Church Cathedral, construida entre 1889 y 1896 en  estilo gótico, pero nos encontramos con ella en reformas, completamente cubierta de andamios y tapada por telas.
Nos adentramos por la zona más central de la península de Vancouver y su barrio más comercial, el Robson Street, camino del parque Stanley.

Tras recorrer el interior del parque que conserva muchas áreas salvajes, con riachuelos, pequeños lagos, bosque, así como otras más urbanas como el acuario, la exposición de tótems, restaurantes, etc. emprendemos el camino de 9 km que lo rodea.
El paseo del malecón, Seawall, está pavimentado y puede ser recorrido caminando o en bicicleta. Su trazando siguiendo el litoral de la costa ofrece unas vistas maravillosas del entorno.



Uno de los puntos emblemáticos del recorrido es la Siwash Rock,  una roca de origen volcánico de 18 m de altura que se alza imponente a mitad del recorrido.


El último punto de nuestro circuito es el edificio construido para la Expo del 86 que alberga el museo de ciencias, llamado World of Science y que nosotros solo pudimos contemplar por fuera debido a la hora.
Nuestro segundo día en Canadá nos alejamos 25 km de la ciudad para visitar el Parque de los puentes colgantes de Capilano o Capilano Suspension Bridge Park.
Al principio teníamos nuestras dudas por el elevado precio de la entrada, pero finalmente nos decidimos porque habíamos estado ahorrando mucho durante el viaje en comidas, alojamientos y eso.
Las entradas de adulto costaron 39,95$ canadienses y 26,95$ la de Noel, más el ticket de aparcamiento válido para 4 horas por 5$ (27,59, 18,61 y 3,45 € respectivamente)
Llegamos allí a las 8:30 y pudimos verlo bastante tranquilos y recorrer varias veces los puentes colgantes sin tropezarnos con nadie. 
Pero un par de horas más tarde había que hacer cola hasta para entrar en los puentes, así que mi recomendación es madrugar si se quiere disfrutar del lugar sin agobios.
El puente más emblemático del parque tiene 140 m de largo, lo cual se nota bastante por cómo se mueve al caminar por él, y cuelga a una altura de 70 m sobre el río Capilano.

Este lugar no es un sitio imprescindible en una visita a Vancouver, pero si viajas con niños o adolescentes seguro que disfrutaran de una mañana de aventuras y vértigo.

Por la tarde dijimos adiós a nuestra escapada canadiense y nos dirigimos a Bellingham en el estado de Washington.












No suelo hablaros de los lugares donde hacemos noche porque suelen ser simplemente el pueblo donde hemos encontrado la mejor oferta para dormir; pero en este caso nos tropezamos con algunas bonitas estampas en sus calles.
Además de disfrutar de un magnífico paseo y una hermosa puesta de sol en  Bayview Road.


Seguir viajando hasta Seattle 

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