Cráteres de la Luna (Viaje por el Noroeste de los Estados Unidos XIII)

Craters of the Moon National Monument and Preserve, en el estado de Idaho, es una extensa zona plagada de conos volcánicos, coladas de lava y la escoria depositada tras años y años de actividad volcánica.
Para recorrerlo se toma una carretera de 11 km que pasa por cada uno de los aparcamientos de los siete puntos visitables del parque. Los recorridos a pie para llegar a los sitios son en general  cortos y sencillos. La mayoría están asfaltados o son de tierra compacta y pueden realizarse con sillas de ruedas o carros de bebé.
El punto 1 es el centro de visitantes, que ofrece una exposición muy interesante para conocer el origen del parque, la cadena de volcanes Great Rift de 85 km de longitud. Y saber un poco sobre la fauna y flora de la zona.
Aquí también nos dieron una autorización por escrito para entrar en las cuevas.
El punto 2, North Crater Flow, es un paseo circular por una de las coladas de lava más "jóvenes" del parque.
En la distancia se puede observar uno de los conos volcánicos.
El tercer punto a visitar es el sendero circular de 800 m llamado Devils Orchand Nature Trail. Este es el mejor sitio para observar la flora que se abre paso entre la árida roca. A ciertas horas del día hay recorridos guiados por un guardabosques del parque.
Inferno Cone es el punto 4 y lleva hasta la cima del cono más grande del parque, por una empinada cuesta de unos 800 m.

Desde lo alto se puede divisar toda la extensión del parque.



La parada n° 5 lleva a Spatter Cones.  De nuevo un sendero de unos 800 m para acceder a unos de los numerosos conos que pueblan la zona y echar un vistazo al interior de su pequeño cráter.

Desde el punto 6, el más alejado de la carretera, salen varias rutas de senderismo de mayor longitud. Es la zona menos espectacular del parque.
Ya de regreso, y antes de finalizar la carretera de sentido único e incorporarse de nuevo a la que sirve para entrar y salir del parque, llegamos a la última parada, Cave Area (7 en el mapa) que lleva hasta las cuevas a través de un camino de asfalto que serpentea en el mar de lava endurecida .

Las cuevas en realidad son tubos volcánicos por los que circulaba la lava cuando la piedra aún fluía líquida por estas tierras.
Como os comenté al principio, hace falta un permiso para visitarlas que te dan en el centro de visitantes y hay que poner en el parabrisas del coche al dejarlo aparcado.  
Para darnos este papel el único requisito que nos pidieron fue que no usáramos unas botas con las que hubiéramos estado en otras cuevas en los últimos diez años. Las nuestras tenían 2 años y aún no habíamos estado con ellas en ninguna cueva, así que ningún problema.
El motivo para tal petición es que desde 2006 millones de murciélagos están muriendo en Norte América debido a un hongo que causa una enfermedad mortal llamada síndrome de la nariz blanca. Para evitar el contagio de esta terrible enfermedad que ha acabado en algunos casos hasta con el 95% de los murciélagos de algunas especies, hay que evitar que el hongo se propague de cueva en cueva. Así que aunque realmente no haya nadie que vigile quien entra y si tiene permiso o no, es importante tomarse en serio el tema y no acceder con calzado que pueda estar contaminado.
Otra cosa a tener en cuenta es que si queréis explorar las cuevas vais a necesitar una buena linterna. Nosotros intentamos la Boy Scout y la Beauty cave con la linterna del móvil, que era lo único que teníamos a mano, pero fue imposible.
Luz del flash. La oscuridad es absoluta en el interior
Su angosta entrada hace que la oscuridad dentro sea absoluta y su suelo irregular lleno de rocas, así como lo estrecho del camino, las hace intransitables en esas circunstancias.  

Además tampoco tenía sentido seguir sin ver nada, así que tras pocos metros tuvimos que retroceder en busca de la luz de la entrada.
La cueva que sí pudimos recorrer es la de Indian Tunnel, que corresponde a un tubo de lava de grandes dimensiones. 
Precisamente su enorme tamaño es el que ha hecho que el techo se derrumbase en diferentes secciones inundando el interior con la luz del sol.
En total dedicamos cuatro horas y media a conocer este curioso lugar que nos recordó mucho a nuestra excursión por el Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote (aunque el de Timanfaya es mucho más espectacular) 

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