Parque Nacional Badlands (Viaje por el Noroeste de los EEUU VII)

El parque nacional de Badlands es, como su nombre  indica,   un lugar de apariencia un tanto siniestra, sin embargo sus arenosas colinas esculpidas por la erosión no están exentas de belleza y avistar animales es bastante fácil.
Badlands se encuentra en Dakota del sur a tan solo hora y media en coche desde el Monte Rushmore.
Tras dormir en el pequeño pueblo de Kadoka (menos de 700 habitantes), que se encuentra a unos 50 km del parque, nos dirigimos hacia este y accedemos a él por la entrada Northeast. Nosotros utilizamos nuestro pase anual, la entrada individual es de 20$ por vehículo.
Aunque el parque es bastante extenso, solo una zona es accesible con vehículo mediante una carretera que la atraviesa de lado a lado llamada Badland Loop Road y que recorre poco más de 35 km. Podéis consultar el mapa pinchando  en este enlace
El paisaje está formado por extensas praderas y pequeñas colinas de arcillas muy blandas, lo que ha propiciado una fuerte erosión que les da formas muy particulares.
Comenzamos la carretera en dirección hacia la entrada Pinnacles y a pocos kilómetros ya encontramos los primeros lugares donde poder aparcar y realizar algunos senderos. Lo primero que llama nuestra atención son las continuas advertencias de la presencia de serpientes de cascabel.
Aunque nos encanta ver animales salvajes no nos apetece nada encontrarnos de cerca con una de estas criaturas, de modo que intentamos caminar alejados de la hierba alta.
En los pocos lugares del parque donde la vegetación crece más exuberante los senderos se elevan sobre caminos de madera para evitar encuentros poco deseados.

Tras la primera excursión continuamos con el coche hasta el centro de visitantes Ben Reifel. Su exposición nos resulta muy interesante para aprender acerca del lugar y de su importancia como yacimiento de fósiles. 
Además gracias a esta visita fuimos capaces de ver un animal que probablemente no habríamos reconocido de no verlo previamente representado en la exposición (más adelante os lo enseño), así que para nosotros es una parada muy recomendable.

Proseguimos con el coche parando en cada una de las zonas que disponen de senderos a pie, que son sin duda la mejor forma de disfrutar del paisaje.
En este caso caminar nos permite también apreciar la curiosa composición del terreno, una tierra tan frágil que literalmente se deshace bajo nuestros pies.

Parece ser que el nombre de malas tierras no se refiere solo a la escasa vegetación, que le da al entorno un aire tan desolado, sino especialmente a la dificultad de caminar por este terreno que apenas ofrece sujeción al calzado y que convertía el lugar en una mala elección para aquellos viajeros o nómadas que antaño intentaron atravesar por aquí.
Yo (de rosa)  subiendo por la resbaladiza pendiente
Yo misma pude experimentar esta dificultad al intentar ascender por uno de los senderos más empinados del parque. Por más que intentaba avanzar mis pies se resbalaban  una y otra vez y, sin nada donde sujetarme, de pronto me entró tal vértigo que me quedé paralizada y tuve que apartarme a un lado y esperar a mitad del camino a que mi hijo y mi marido coronaran la cima.


Al regresar al coche nos topamos con un impresionante muflón pastando entre las hierbas.
Pero este no sería el único que vimos. Unos pocos  kilómetros antes de llegar a la entrada de Pinnacles cogemos una carretera de tierra que se desvía a la izquierda y que continúa por dentro del parque aproximadamente unos 12 km más. Ningún otro vehículo va por ella, quizás por ser de tierra o quizás porque se aleja de las colinas para adentrarse tan solo en terreno llano. Para nosotros supuso un acierto por la cantidad de animales que pudimos ver.

De pronto nos percatamos de que los campos a nuestro alrededor están plagados de perritos de las praderas. Los hay a cientos, por no decir a miles, correteando por doquier y lanzando agudos grititos. 

Un pequeño grupo de muflones se  anima a cruzar delante de nuestro coche.






En la distancia observamos un grupo de bisontes, aunque estaban demasiado lejos para fotografiarlos.

Pero lo que más nos sorprendió, y como dije al principio seguro que no lo habríamos descubierto sin ver antes la exposición del centro de visitantes, fueron varios búhos asomando entre la hierba.
Se trata del mochuelo de madriguera que al parecer vive en las madrigueras abandonadas de otros animales. Jamás hubiera imaginado que había búhos que vivían bajo tierra.






Tras unas cinco horas de visita abandonamos el parque muy satisfechos de haber elegido visitar este lugar que marca el punto más al este de nuestro recorrido.



Pero antes de emprender los 500 km que nos separan de nuestro siguiente motel en Wyoming, nos acercamos hasta el silo Delta-9 donde se puede contemplar uno de los misiles que durante la guerra fría apuntaban hacia la Unión Soviética.
Este forma parte del declarado lugar histórico nacional de Minuteman Missile; si se dispone de más tiempo que el que tuvimos nosotros se pueden hacer visitas guiadas que recorren todas las instalaciones de control y lanzamiento. La visita es gratuita pero hay que apuntarse previamente, aquí os dejo el enlace a su página web

Continuar el viaje por el parque nacional de las montañas rocosas.

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