Milán. Escapada al lago de Como - día 2

Nuestro segundo día de escapada nos dispusimos a conocer Milán, que está a solo 60 km de Lecco. Y aunque tardamos bastante en llegar  debido a los atascos y allí pudimos visitar menos de lo previsto por causa de las largas colas, hay que reconocer que mereció la pena, la visita nos gustó mucho.
Para no volvernos locos con el tráfico y el aparcamiento nos dirigimos a un P+R situado en las afueras junto a la estación de metro de Famagosta (Via Giovanni Palatucci) Allí mismo cogimos el metro, un trasbordo y en menos de 20 minutos estábamos en el centro de la ciudad, en la plaza más importante de Milán: la piazza del Duomo.
La catedral de Milán, conocida como el Duomo de Milán, es un edificio espectacular que a primera vista llama la atención por no tener la típica estructura religiosa con una o varias torres. A mí personalmente me encanta lo luminosa que resulta debido a la claridad del mármol en que está construida.
Es de estilo gótico y entre sus características principales están sus 135 agujas, que le dan esa silueta tan especial, y el estar decorada con más de 2200 estatuas diferentes.
A medida que nos acercamos a ella, además de apreciar su hermosa y decorada fachada, vemos que hay colas de gente saliendo de distintos puntos. Conviene averiguar primero para qué es cada una, antes de lanzarse a la cola más corta como hacía mucha gente; en nuestra espera vimos varias personas que tras estar largo rato tuvieron que marcharse porque no estaban en el sitio correcto. La primera cola que hay que hacer es la de los tickets, que se compran en unos puestos localizados en los laterales de la catedral. Allí nos tocó aguantar 1 hora. Nosotros compramos la entrada para el Duomo (también incluía visita al museo pero resultó que el miércoles era el día de descanso y estaba cerrado) que nos costó 2 € por persona y el acceso a la terraza por medio de escaleras que fueron 8 € por persona.
Terraza del Duomo
Ya con las entradas en la mano nos colocamos en una nueva cola, la de subir a la terraza; esta vez nos lleva unos 50 minutos. ¡Ojo que aquí también hay lío! Los accesos para subir a pie o en el ascensor (según el ticket que compres) están en distintos sitios, así que no basta con preguntar si es la fila de la azotea, también hay que asegurarse cual de las dos.
La subida nos permite contemplar con mucho más detalle todos los motivos que decoran los muros y barandas, así como las filigranas de los arbotantes.
Desde la terraza las vistas son fabulosas.
Galería Vittorio Emanuele II

De regreso en la calle, rodemos el Duomo para verlo por todos sus ángulos; en la parte de atrás hay varios árboles engalanados ya de primavera. Después una pausa para comer y de nuevo a hacer cola para entrar dentro de la catedral. Curiosamente las colas son menores que antes de que nos fuéramos a comer, seguramente porque mucha gente aún estaba comiendo (eran sobre las 14:30) De nuevo nos encontramos ante un dilema, hay dos filas que acceden al interior, una a cada lado de la fachada principal. Nos dirigimos a la más corta pero, como suele pasar, la más corta casi nunca es la buena; resulta que esa es para los que van a confesarse. Por suerte la espera esta vez no es tan larga, unos 25 minutos.
El entrar se aprecia, mucho mejor que desde fuera, que esta es una de las catedrales más grandes del mundo.
 
Sus cinco naves están separadas por 58 columnas.  Desde el interior se puede también bajar a una pequeña cripta. En el Duomo siempre encuentras una vista hermosa, tanto si diriges los ojos hacia arriba como si miras hacia el suelo.
Al ladito de la catedral, en la misma plaza,  se encuentra la galería Víctor Manuel II (Vittorio Emanuele II), nombrada así por el primer rey de la Italia unificada. Es uno de los imprescindibles de cualquier visita a la ciudad.
Este edificio, construido entre 1865 y 1877, repleto de comercios, se puede considerar como un precedente de los actuales "centros comerciales". Aunque nosotros prestamos poca atención a las tiendas; había mucho que mirar arriba y abajo.













Los techos de cristal y hierro fundido, con una fabulosa cúpula central, son espectaculares, así como los mosaicos de los suelos. Alguno con su propia leyenda, como es el caso del toro del escudo de Turín (Torino en italiano) La tradición dice que hay  que poner el talón del pie en las partes nobles del toro y dar tres vueltas sobre uno mismo; lo que se logra con ello no lo tengo claro porque he leído de todo: que volverás  a Milán, que tendrás suerte, que se cumplirá un deseo, que en realidad quienes tienen que hacerlo son los estudiantes que preparan el doctorado para aprobarlo, que se debe hacer a las 12 de la noche en Nochevieja,...
No sé de donde viene la tradición, pero salta a la vista que la gente la sigue, pues en vez de genitales el toro ya tiene un enorme agujero que han reforzado con un cono de metal, supongo que para que no se estropee más.
En el extremo de uno de los brazos de la galería se encuentra también la oficina de información y turismo. Y saliendo al exterior por este mismo brazo está el teatro de La Scala (la ópera más famosa del mundo)
Nuestro último paseo por Milán fue para acercarnos hasta el castillo de Sforzesco, aproximadamente a un kilómetro y medio de la plaza del Duomo.
Via Dante con el Castello Sforzesco al fondo
Este palacio construido en 1450 alberga actualmente una pinacoteca y el museo arqueológico.



Pero sus patios y jardines son de acceso libre.
De regreso a Lecco otro nuevo atasco, esta vez aún más largo que el de entrada a la ciudad, pero nos vamos muy satisfechos con la visita.

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