Las tierras del Norte (Viaje a Noruega II)

Llegamos a Cabo Norte con un sol espléndido sobre nuestras cabezas, circunstancia muy propicia para poder disfrutar del sol de medianoche, es decir, el momento en que el astro solar parece a punto de ponerse en el horizonte pero, en lugar de eso, asciende de nuevo convirtiendo el verano del norte de Noruega en un día infinito.
 
Leer primero Viaje a Noruega I: camino de Cabo Norte

Al llegar al centro de visitantes de Cabo Norte nos encontramos con que no tienen las entradas de 24 horas que habíamos leído en internet sino solo de 12 y de 48. Como queremos poder entrar "de noche" aparcamos cerca pensando en acceder más tarde. 

Manadas de renos campan a sus anchas en las inmensas praderas salpicadas de pequeños neveros.


Tras comer y dar un pequeño paseo entramos finalmente al complejo de Nordkapp. La entrada de 12 horas nos cuesta 45 € y nos permite el acceso a las instalaciones interiores y exteriores así como asistir a un audiovisual en pantalla de cine sobre como son allí las distintas estaciones del año.

Entrar  no es un requisito imprescindible para disfrutar del lugar y de la no-puesta de sol, pero da la impresión de que una vez que has llegado hasta aquí no puedes irte sin una foto en la famosa esfera con la que los amantes de los viajes identifican este lugar.
Dentro, lo típico: restaurante, tienda de recuerdos, exposiciones,... ¡ah! y wifi libre.
En el exterior algunas esculturas y una fantástica barandilla al borde del acantilado desde la que contemplar el mar.

Cuando llegamos a penas hay gente, pero según se va acercando la medianoche empiezan a llegar autobuses con turistas, uno detrás de otro. Pero eso no es lo peor, nuestro maravilloso cielo despejado empieza rápidamente a llenarse de nubes. 

El viento sopla con fuerza y trae consigo un frío gélido, lo que nos obliga a sacar los abrigos.
Las últimas esperanzas no se pierden y aunque los turistas han empezado a marcharse nosotros seguimos con la vista fija en la delgada franja sin nubes que queda a ras del océano, por si al sol le da por asomar un poquito. A la una de la mañana tenemos que admitir finalmente que el bello Helios dio orden a sus caballos de iniciar el viaje de vuelta a las alturas antes de rozar el mar.
Nos vamos a dormir un poco decepcionados, pero en el fondo satisfechos por un sueño cumplido, llegar hasta uno de los confines de Europa, donde empieza el océano Ártico.

Para no tener que levantarnos a las 4:30, que es cuando se acaba nuestro pase de 12 horas, salimos del complejo y pernoctamos en la primera zona que vemos apta para aparcar. A pesar del cielo nublado es increíble la claridad que hay.

Día 8
Pese a trasnochar, la luz y el calor hacen que nos pongamos en camino temprano. El sol luce de nuevo sin obstáculos y nos regala unas panorámicas fantásticas mientras nos despedimos de Cabo Norte.


Abandonamos la isla en la que se encuentra este Cabo a través del túnel que la conecta con el continente y nos dirigimos hacia Tromso. 


La carretera, como tantas otras en Noruega, acaba directamente en un fiordo, en el embarcadero del ferry. 
Tomar los ferries que cruzan los fiordos en Noruega es sumamente sencillo, solo hay que avanzar con el coche hasta colocarse a la fila y esperar. Los ferries están cruzando continuamente y raramente hay que esperar más de 15 o 20 minutos. Para pagar se hace a través de la ventanilla del coche a la persona encargada, que va pasando de auto en auto; esto puede ser antes de que llegue el ferry cuando se trata de carreteras muy transitadas en las que hay un puesto de peaje o bien en el momento  de embarcar, si el cobrador va montado en el propio barco.

El precio oscila dependiendo de la duración de la travesía y del tamaño del vehículo; nosotros llegamos a pagar desde 13 hasta 24 €.

Una vez en la carretera no hemos recorrido ni 20 km cuando de nuevo tenemos que coger un ferry. 
Y es que moverse por el oeste de Noruega implica tener que atravesar un fiordo detrás de otro, separados en muchos casos por increíbles montañas que hacen difícil la conexión por tierra firme; ahí reside uno de los puntos fuertes de la belleza del paisaje.

A las 22:20 llegamos a Tromso, una de las ciudades más grandes de Noruega, dividida en dos por un enorme fiordo. En lo alto de la ciudad hay una zona de parking inmensa destinada a unos saltos de ski cercanos, lógicamente en verano está vacía y nos instalamos allí con nuestra autocaravana. Tras cenar y al ver que hace un día radiante (a pesar de ser casi las 12 de la noche) arrancamos y nos dirigimos hacia el fiordo en busca del ansiado sol de medianoche, que esta vez sí podemos contemplar en su máximo esplendor. Como muestran estas fotos tomadas pasada la medianoche, con el sol en el punto más bajo. 



Día 9
El intenso calor vuelve a despertarnos, es temprano pero el termómetro exterior ya marca más de 30°. A lo largo del día, sorprendentemente, llegaríamos a rozar los 40°. Recuerdo que nadie en España nos creía cuando lo contábamos. Me imagino sus caras de estupefacción al leer nuestros mensajes. Los noruegos por supuesto también estaban anonadados con semejantes temperaturas, pero lo cierto es que nuestro verano en Noruega fue muy inusual en cuanto a clima. Desde el mismo día que entramos al país hasta que salimos de él, dos semanas después, solo nos llovió dos veces, lo que es, según nos comentaron, una rareza.

La mañana la dedicamos a visitar la ciudad; lo más típico es la iglesia de Tromsdalen, conocida como Catedral del Ártico.



A media mañana seguimos en dirección a las islas Lofoten; aunque las distancias no sean muy largas hay que calcular siempre muchas horas de trayecto ya que por estas carreteras rara vez se puede circular a más de 50 - 60 km por hora.
Poco antes de entrar en el túnel Sordal, un túnel de más de 6 km que conecta con las islas, nos quedamos a pernoctar en una zona rodeada de montañas para conseguir tener un poco de sombra durante la noche y que el calor no nos asfixie mientras intentamos dormir.

En el próximo post os hablaré de las Lofoten, un conjunto de islas de pueblos marineros y con espectaculares montañas que se convirtió rápidamente en uno de nuestros lugares favoritos.


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